Políticas públicas y programas preventivos exitosos a nivel internacional
Políticas
públicas y programas preventivos exitosos a nivel internacional
Ilustración 1: #HazteFan de ONU Mujeres Colombia y el Ministerio del Deporte (Bazán, 2022).
Cuando iniciamos con la
referencia al tema de prevención del delito desde un nivel estrictamente
internacional, esto exige comprender las raíces estructurales de la violencia,
pero también la capacidad de respuesta de los Estados a través de sus políticas
públicas y programas.
Los mismos no deben de
entenderse como herramientas aisladas ni como acciones reactivas, al contrario,
deben verse como dispositivos estratégicos que se interrelacionan con los
contextos sociales, económicos y culturales donde operan. Analizar las experiencias
exitosas a nivel internacional permite el desarrollo crítico de las políticas
nacionales, a la vez, generan conciencia sobre la necesidad de intervención por
medio de la prevención y no desde un enfoque únicamente punitivo, analizando la
necesidad de restaurar y de la urgencia de ejecutar prevención primaria, secundaria
y terciaria.
Una política
internacional, cuando está bien diseñada, es aquella que articula voluntades
estatales en torno a un objetivo común de desarrollo o seguridad. Al contrario,
los programas preventivos son mecanismos operacionales que surgen de las
políticas y se materializan en acciones mucho más concretas.
En el informe del CIPC se expresa como los programas internacionales han generado mayor seguridad; como bien lo señala el CIP, 2005, pp. 39-40, citado por, Hernández, 2015; hay dos explícitamente que han generado reducción y prevención delictiva mediante sus programas:
Ciudades más seguras de ONU-Hábitat, el proyecto sur- sur de la UNODC (...) que nos permitan entender una buena práctica como las experiencias que se adaptan a las realidades locales y que tienen en cuenta el involucramiento de los actores desde una perspectiva amplia de inclusión.
Por lo tanto, aquella
acción preventiva que genere resultados a corto, mediano y largo plazo en la
reducción de los factores estructurales sociales y por ende en la comisión de
delitos es una acción por tomar como ejemplo para los otros países. Ahora bien,
la importancia de diferenciar una política de un programa no se trata solo de
explicar su concepto, sino de generar comprensión general entre ambos niveles
de intervención, lo que permite identificar con claridad las responsabilidades
de los actores involucrados, así como definir mecanismos de evaluación y mejora
continua.
En palabras sencillas,
una política pública es aquella donde los actores estatales buscan posicionar
los problemas que dañan la seguridad y estabilidad de la ciudadanía dentro de
las prioridades de las agendas del gobierno de cada país. Par luego, dar paso al
diseño y desarrollo de programas que complementan esas políticas una vez
aprobadas y presupuestadas por parte del Estado.
Una política pública
sin programas operativos es solo una declaración de intenciones; un programa
sin respaldo de política corre el riesgo de fracasar. La colaboración entre
ambos ha demostrado ser la clave en diferentes partes del mundo para enfrentar
crisis de seguridad con respuestas viables y sostenibles.
En muchas ocasiones se
suele pensar que los programas más exitosos son aquellos que cuentan con mayor
presupuesto económico o incluso aquellos que tienden a tener mayor publicidad;
sin embargo, las políticas públicas más exitosas son las que han logrado generar
una conexión honesta con las realidades de las zonas habitadas más vulnerables.
Por ello, cuando se da
una intervención comunitaria, no es suficiente con la colocación de cámaras o
el patrullaje policial. Comprender sobre la importancia de las dinámicas de
exclusión, desigualdad o abandono que alimentan la violencia de cualquier grado
siempre va a ser vital para generar transformaciones en diferentes contextos sociales,
económicos, ambientales, políticos, de salud e individuales.
Los programas de prevención internacionales más efectivos son los que parten de un diagnóstico participativo, escuchar a los habitantes y construir soluciones desde la raíz de las problemáticas sociales más complejas siempre va a ser la dirección correcta e inicial para generar cambios. Como parte de reflexión a continuación pueden acceder a una noticia internacional en la cual el primer ministro de Escocia, John Swinney, hace referencia a la necesidad de abordar la violencia juvenil y que, para ello, es indispensable la participación ciudadana: THE SCOTSMAN
Aparte, un ejemplo de esta visión integral lo constituye la estrategia del deporte como herramienta de prevención.
No es casualidad que las Naciones Unidas y el Comité Olímpico Internacional
impulsaran el programa SC:ORE, donde el eje está en el empoderamiento juvenil por
medio de actividades deportivas.
Por ello, se adjunta el siguiente vídeo donde Tamara Vega, quien es aliada del programa SC:ORE, relata desde su punto de reflexión y experiencia personal lo importante que este programa es para la comunidad juvenil.
Vídeo 1: ¿Porqué es
importante que el deporte esté incluido en las políticas públicas? (UNODC,
2025).
Dichos proyectos no
buscan formar atletas, sino ayudarles al desarrollo de generar habilidades
sociales, sentido de pertenencia y oportunidades de vida para jóvenes en riesgo.
Como se señala en la guía:
(…) el
deporte puede sacar provecho de vastas redes para mejorar el desarrollo
positivo de los jóvenes, la formación sobre habilidades y el empleo, y proporcionar
a los jóvenes modelos de conducta positivos y acceso a redes prosociales. (…)
el deporte puede actuar como un acelerador: espacios seguros, inclusión social,
educación (formal e informal), resiliencia individual y comunitaria,
empoderamiento. Oficina de las Naciones Unidades contra la Droga y el Delito
(UNODC), 2024, pp. 5-7)
Esta intencionalidad
marca una diferencia. Ya que no se trata de hacer talleres por cumplir ni de
llenar informes con estadísticas vacías; lo que realmente genera transformación
es el éxito en la disminución sostenida de factores criminógenos, la cohesión
social lograda y, sobre todo, el cambio en la percepción de seguridad que
experimenta la población internacional intervenida; cuando una persona joven deja
de ver la violencia como su única manera de responder ante las necesidades y
encuentra sentido en nuevas metas se evidencia que la prevención funciona.
Otro rasgo de las iniciativas
más exitosas a nivel internacionales es la transversalidad. Esto significa que no
actúan de forma aislada desde un solo ministerio o institución, sino que
integran salud, educación, urbanismo, trabajo, cultura y seguridad; enfatizando
en la importancia de integrar sectores y voluntad política sostenida.
Ciertamente, el enfoque
preventivo también debe ser interseccional, no todas las comunidades enfrentan
los mismos riesgos, ni todas las personas viven la violencia de la misma manera.
Por ello, utilizar herramientas analíticas que demuestren que las desigualdades
se construyen por medio de la aceptación de diversos factores sociales.
Por ejemplo, ser una
mujer migrante, joven, que vive en pobreza y es afrodescendiente condiciona la
exposición al delito y la forma en que se accede a la justicia. Por lo cual,
las políticas públicas y programas deben adaptarse a estas realidades sin caer
en modelos homogéneos y estereotipos institucionales que lo único que genera es
exclusión, desigualdad y estigmatización.
Como toda política
pública internacional que busca la eficacia y ética debe de utilizar elementos
metodológicos como la evaluación continua. La realidad es que no existe
prevención eficaz sin un sistema que permita la medición de resultados, impacto,
identificación de fallas y, de ser necesario, el acceso al rediseño de los
procesos.
Todo lo mencionado con anterioridad
debe ser participativo, transparente y técnicamente robusto, de manera que no
se enfoque solamente en el cumplimiento de indicadores, sino que sirva para
mejorar la calidad de vida de la ciudadanía.
Por consiguiente, es
relevante destacar que los programas exitosos generan un efecto expansivo que
sirve como ejemplo para su implementación en diferentes países. Al fortalecer
una comunidad, se rompen ciclos de violencia que trascienden generaciones;
puesto que la prevención del delito deja entonces de ser un asunto de las
instituciones formales como las fuerzas policiales y se convierte en una vía racional
y ética por el desarrollo humano; esa justamente es la base sobre la que se
puede construir una verdadera política pública que busque el compromiso, la
viabilidad y generar transformación.
Referencia bibliográfica
Bazán,
C. (2022). Colombia busca implementar una política pública para la igualdad
en el deporte. Efeminista. [imagen 1]. Recuperado de https://efeminista.com/colombia-politica-igualdad-deporte/
Bussey,
K. (2025). Escocia debe ser "implacable" en los esfuerzos para
combatir la violencia juvenil, dice Swinney. The Scotsman. Recuperado de https://www.scotsman.com/news/politics/scotland-must-be-relentless-in-efforts-to-tackle-youth-violence-swinney-says-5173057
Hernández
Latorre, S. D. (2015). Informe, experiencias exitosas en prevención de la criminalidad
en América Latina. Una perspectiva territorial de las políticas públicas de seguridad
en América Latina. Centro Internacional para la Prevención de la
Criminalidad. Cámara de Comercio de Bogotá. Montreal, (Quebec), Canadá. Recuperado
de https://cipc-icpc.org/wp-content/uploads/2019/08/Informe_Experiencias_exitosas_en_AL_2015_VF.pdf
Oficina
de las Naciones Unidades contra la Droga y el Delito (UNODC). (2025). ¿Por
qué es importante que el deporte esté incluido en las políticas públicas? [Video
YouTube]. Recuperado de https://youtu.be/YsZBPP88N-k?si=Zl9wqWA432c_HJcq
Oficina de las Naciones Unidades contra la Droga y el Delito (UNODC). (2024). Prevención de la delincuencia y la violencia juvenil a través del deporte. Guía de políticas. SC:ORE Deporte contra el delito. Recuperado de https://www.unodc.org/lpomex/uploads/documents/Publicaciones/Prevencion-del-delito-y-justicia-penal/241031_TM1440_SCORE_Policy_Guide_ES_WEB_COMPLETE_compressed.pdf

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