Prevención del delito juvenil

 

Prevención del delito juvenil


Ilustración 1: El programa ‘Juega, Vive’ de prevención y promoción de la salud llega a Monzón (SER, 2025).

El desarrollo del ser humano está marcado por una etapa crucial que forja las creencias, habilidades, conductas y aptitudes, llamada adolescencia. Dicho ciclo está cargado de significados, preguntas y transiciones, además, para muchas personas jóvenes esto representa una mezcla de descubrimientos, incertidumbres y decisiones que comienzan a moldear su identidad.

Pero la realidad es que, en ciertos entornos, esta etapa se convierte en un estado de vulnerabilidad; especialmente en contextos donde existe la ausencia de: oportunidades, vínculos sólidos con los padres o familiares encargados, ejemplos de vida que inspiren a buscar superación personal y mejor calidad de vida, entre otros.

El delito juvenil no aparece como un fenómeno aislado, o no es generado por un estímulo de cambios hormonales; este es una respuesta a condiciones sociales, familiares y personales que muchas veces quedan fuera del control de la persona joven.

Por lo tanto, la prevención del delito juvenil no puede seguir siendo un tema pendiente en los discursos políticos. Es, una urgencia ética y social que exige voluntad, comprensión y compromiso desde diferentes sectores; cuando una persona menor de edad comete un acto delictivo, no solo quebranta una norma, se pone en evidencia una serie de faltas carencias acumuladas que el sistema no supo o no quiso intervenir.

Además, parte de la realidad de muchos jóvenes es que su sistema de control informal y formal esta fragmentado. Las personas jóvenes que cometen delitos tienden a tener relación o coincidencia con otros casos en cuanto a que los mismos se relacionaban con de factores de riesgos muy graves, por ejemplo, el abandono familiar, la violencia intrafamiliar, los escenarios de consumo y venta de drogas, un sistema educativo sin interés por salvaguardar los derechos de esta población vulnerable, un sistema de salud ausente y un Estado alejado de la realidad en la que miles de jóvenes crecen.

Como lo indican los autores Mézerville, Murillo, Ovares & Ureña (2021, p. 29), existen ciertos factores que influyen en el comportamiento y la conducta de los jóvenes:

El comportamiento de la persona joven se ve influenciado por los vínculos que logre establecer con su familia, amigos, compañeros y compañeros de estudios y cualquier otro grupo social que sea importante en su vida (…) La educación como entorno socializador juega un papel relevante en el seguimiento a la población juvenil.

Ciertamente, la mayoría de las personas jóvenes que se involucran en actos delictivos no lo hacen porque la maldad fuese heredada de nacimiento, lo que pasa es que han crecido en entornos y sociedades fragmentados; donde el abandono, la ausencia de elección y opciones, el consumo de sustancias psicoactivas o la violencia han sido parte de su cotidianidad.

Es, en estos escenarios donde la prevención se convierte en una herramienta que impulsa al quebrantamiento de ciclos, para intervenir antes de que sea demasiado tardes; además, para crear alternativas donde hoy solo existe el riesgo. Uno de los errores más comunes cuando se hace referencia a generar prevención del delito juvenil es reducirla a una simple vigilancia policial o a métodos punitivos.

Esa es la visión que aleja cada vez más el lograr generar prevención de verdad. Consecuentemente lo que se genera es una perpetuación de estigmatización y comportamientos desviados. Una adecuada prevención siempre va a ser aquella que parte del reconocimiento de la dignidad humana, de su historia, de sus carencias y de su potencial de transformación.

Así mismo, prevenir es reconocer la importancia de las redes de apoyo; aquellas que ciertamente se comprometan a escuchar, orientar y trabajar por el bien común. Además, para ello, se necesitan que las escuelas no solo evalúen conocimientos, sino que cumplan con el compromiso de aplicar técnicas que reconozcan o detecten signos de alerta para que sean activas las rutas de protección necesarias; ciertamente esto va de la mano del diseño de políticas públicas desde una mirada humana y holística, donde no se discrimine la pobreza ni se ignore la desigualdad.

Seguidamente, un aspecto para comprender y aplicar un adecuado abordaje al delito juvenil es reconocer que la conducta humana no se forma de manera aislada. Las personas, en la etapa de la adolescencia, son profundamente influenciadas por su entorno; sean amigos, familia, la comunidad y los medios de comunicación que suelen consumir en la actualidad: redes sociales o aplicaciones de comunicación (WhatsApp, Facebook, Instagram, Snapchat, TikTok y otras).

Un gran ejemplo actual de este tipo de intervención es el programa "Juega, Vive", implementado en marzo del 2025 en Aragón , España. La inciativa impulsada por la Dirección General de Salud Pública junto con la UNODC, busca prevenir la delincuencia juvenil y el consumo de sustancias psicoacticas mediante el deporte: NOTICIA

Por ello, cuando un joven muestra la repetición de comportamientos desviados y antisociales, la respuesta no debería ser únicamente punitiva, sino investigativa. Cuestionar nuestro entorno genera un pensamiento crítico que busca la verdad entre mentiras ¿Qué esta pasando en su entorno? ¿Qué modelos está replicando? ¿A qué necesidades y carencias está respondiendo este o esta joven?

En este sentido, es primordial que las estrategias preventivas estén creadas desde una visión integral, que combine intervenciones sociales, educativas, emocionales y culturales. Ya que no se trata únicamente de “mantenerlos ocupados” o de “alejarlos del peligro”, sino de generar estructuras que fortalezcan sus habilidades para tomar buenas decisiones y desarrollar una buena autoestima; la meta es enseñarles que tienen derechos aun futuro diferente, y que este puede iniciar a construirse desde la determinación personal.

La prevención del delito juvenil debe abordarse de manera integral y estructurada, contemplando tres niveles fundamentales. Primeramente, la intervención primaria, la cual actúa de forma general sobre toda la población juvenil y en la búsqueda de reducción de factores de riesgo desde la infancia; segundo, la intervención secundaria, la cual actúa sobre aquellas personas que ya presentan factores de riesgo específicos o bien han tenido contacto con entornos de violencia; por último, la intervención terciaria, la misma actúa con quienes ya han cometido actos delictivos, mediante el distanciamiento, justicia restaurativa y reinserción social.

Ahora, desde la perspectiva de las teorías criminológicas que se consideran a la hora de estudiar y buscar alternativas estratégicas para la prevención del delito juvenil; es importante reflexionar sobre el aprendizaje que ha dejado por años la teoría del aprendizaje social, la cual en sus inicios fue conocida como la teoría de la asociación diferencial creada por Edwin Sutherland (1947); fue después que se actualizó y se incluyeron, en su estudio, otras variables más; la misma a cargo de autores como: Burguess, Akers y Jensen, entre 1966-2003. Se evidencia que esta ofrece herramientas valiosas para comprender y prever el delito; siendo una de las influyentes en el campo de la preventivo y los factores que más invitan al ser humano a la posible comisión de delitos.

La misma señala que las personas, durante la etapa de la juventud, aprenden comportamientos por medio de la observación de aquellas más cercanas a su núcleo social o individual. Así, si un adolescente está rodeado de modelos delictivos que son admirados o recompensados, es probable que reproduzca esas conductas.

Ante lo anteriormente reflexionado, el autor Aebi (2013, p. 15) determina que:

Esta teoría parte del axioma que sostiene que todo comportamiento es aprendido. En consecuencia, considera que el comportamiento delictivo también lo es y, en su formulación actual, sostiene que se puede aprender tanto a través de las personas próximas al individuo (…), como a través de la imitación, es decir, de los comportamientos observados en otras personas ya sea directamente o a través de los medios de comunicación. A la inversa, también puede afirmarse que dichos grupos y medios de comunicación podrían de la misma manera fomentar comportamientos prosociales.

Este planteamiento invita a reflexionar sobre qué tipo de ejemplos son los que ofrece la sociedad actual. ¿Quiénes guían a la juventud de hoy? ¿Cuáles son las actitudes que se premian? ¿Qué discursos se trasmiten desde los medios, la política y la familia? Seguidamente se les invita a acceder al siguiente vídeo que aborda un poco más sobre el tema.



Vídeo 1: ¿La CONDUCTA CRIMINAL se APRENDE? | Teoría del aprendizaje social ft. Akers y Burguess (Morales, 2022).

Si la meta es generar prevención del delito, hay que asumir la responsabilidad colectiva de ofrecer modelos prosociales, coherentes y accesibles. Ahora bien, desde la perspectiva criminológica, la prevención no solo consiste en evitar que el o la joven cometa un delito, sino en crear las condiciones para que no lo necesite.

Se busca dar garantía y acceso a la educación, oportunidades laborales, espacios de participación, libertad de expresión, además, sentido de pertenencia; una persona joven que se sienta valorada, escuchada y útil es menos vulnerables al fenómeno de la delincuencia.

Por otro lado, no es correcto hablar de prevención del delito juvenil sin mencionar la justicia social. Otros elementos como: las desigualdades de alto grado, la discriminación y la violencia estructural también delinquen; por ello, mientras estas no sean atendidas desde la raíz, cualquier medida que busque prevención será apenas una curita más; consecuentemente, la criminología preventiva debe de articularse con las luchas por la equidad, la inclusión y los derechos humanos.

Por último, prevenir no es únicamente una acción referida del Estado; es una invitación a todos los actores, llamados: padres, madres, docentes, emprendedores, líderes comunales, periodistas, cuerpos policiales, instituciones gubernamentales y no gubernamentales. Cada uno de ellos cuenta con la posibilidad de generar impacto en la vida de cada joven; prevenir el delito juvenil es, en el fondo, un acto de amor por la sociedad que se busca construir.



Referencia bibliográfica

 

Aebi, M. F. (2013). Teorías criminológicas aplicadas a la delincuencia juvenil. Universitat Oberta de Catalunya. Recuperado de https://aprende.uned.ac.cr/mod/resource/view.php?id=393450

Mézerville López, C., Murillo Villalobos, R., Ovares Fernández, Y. & Ureña Salazar, V. (2021). La delincuencia juvenil en Costa Rica: modelos integrales de atención educativa para un fenómeno multifactorial. III Sección: Temas de nuestro tiempo y de las ciencias sociales. Revista Estudios, (42). Universidad de Costa Rica (UCR). Recuperado de https://archivo.revistas.ucr.ac.cr/index.php/estudios/article/view/47212/46716

Morales, A. (2022). ¿La CONDUCTA CRIMINAL se APRENDE? | Teoría del aprendizaje social ft. Akers y Burguess. [Vídeo YouTube]. Recuperado de https://youtu.be/5WKkHCVNaMk?si=2zNSSd7VHZHqIw-M

SER Aragón Oriental. (2025). El programa ‘Juega, Vive’ de prevención y promoción de la salud llega a Monzón. Cadenaser. [Noticia- Ilustración 1]. Recuperado de https://cadenaser.com/aragon/2025/03/14/el-programa-juega-vive-de-prevencion-y-promocion-de-la-salud-llega-a-monzon-ser-aragon-oriental/?utm

 

Comentarios