Prevención en delitos de violencia de género e intrafamiliar
Prevención en delitos de violencia de género
e intrafamiliar
Ilustración 1: Violencia y consumo de
sustancias psicoactivas (IAFA, 2020).
La violencia de género
e intrafamiliar refleja una de las maneras más persistentes, silenciosas y
desgarradoras de agresión que pueden experimentarse en los entornos sociales y
familiares. En el trascurso del tiempo se ha logrado un avance significativo en
cuanto a leyes y derechos, pero, la realidad sigue demostrando con crueldad que
muchas personas viven con miedo, sometidas a relaciones de control, humillación
y daño emocional y físico; especialmente en los espacios que deberían ser
seguros, por ejemplo, escuela, hogar o círculos sociales y de amistades.
A lo largo del tiempo
se ha logrado un avance significativo en cuanto a leyes y derechos, pero, la
verdad es que sigue reinando la realidad de una cultura de miedo; muchas son
las personas que son sometidas a relaciones de control, humillación y daño físico
o emocional, especialmente en los espacios que deberían ser más seguros: el
hogar, la escuela, y círculos sociales.
Por consiguiente,
hablar de prevención no es simplemente hablar de normas, es hablar de
conciencia, de educación, de cultura y, sobre todo, de transformación social.
La meta de toda prevención ante este tipo de violencia no debería ser
explícitamente evitar un acto de violencia (claramente ese objetivo es de suma
importancia), pero la idea central es intervenir las raíces, desmontando
estructuras y patrones que perpetúan el dolor y la desigualdad; la prevención entonces
debe asumirse como una construcción colectiva, constantes y profundamente
humana.
¿Qué es la violencia de género e intrafamiliar?
Ilustración
2: ¿Qué
es la violencia de género y cómo se manifiesta? (Universidad Internacional de
La Rioja, 2025).
Ahora, la violencia
intrafamiliar, es más amplia, ya que dentro de sus víctimas se incluyen niñas,
niños, personas adultas mayores y otros miembros del grupo familiar que, en
lugar de recibir protección y cuidado, enfrentan agresiones por parte de quienes
deberían garantizar su bienestar. Es importante reconocer que donde hay daño,
hay violencia y que cuando esta ocurre dentro del entorno familiar, la carga
emocional, la vergüenza y el miedo suelen paralizar a las víctimas.
Uno de los obstáculos
más comunes para erradicar este tipo de delito es la normalización. En diversas
comunidades, algunos actos de violencia no solo se toleran, sino que suelen ser
justificados; por ejemplo, se suele educar a los hombres con la errónea idea de
que ellos son los que tienen el control de todo y de todos, que las mujeres
deben soportar por “amor”, que los gritos son parte de la vida familiar o que
golpear “con la idea de corregir” es educar; cada uno de esos ejemplos no solo
perpetúan el abuso, también impiden que se reconozca como tal.
Por ello, cuando la
violencia se integra como parte del paisaje cotidiano la misma se vuelve
invisible y por ello no se denuncia, ni se cuestiona o bien, ni se combate. Por
lo tanto, una verdadera prevención no puede limitarse a castigar después del
hecho; debe focalizarse en desnaturalizar la violencia desde sus estructuras
más sutiles.
Ahora bien, parte de
los daños colaterales más alarmantes de la violencia intrafamiliar es su
impacto en la población más vulnerable: niños, niñas y adolescentes; sin
importar si estos son directamente violentados. La exposición constante a estos
entornos provoca secuelas emocionales profundas, altera su desarrollo,
deteriora su capacidad de confiar en otros, por ende, los puede predisponer a
reproducir patrones de violencias en el futuro. Ante lo expuesto, los autores
Deambrosio et al; 2018; Barreto-Zorza et al; 2018; Maneiro et al; 2016; citados
por, Docal, Alk, Pérez & Spanches, 2022, p. 81, mencionan que:
(…)
estudiosos del tema advierten que la violencia intrafamiliar afecta el
funcionamiento cognitivo y el desarrollo social y emocional, que requieren de
atención personalizada y humanizada mediante el desarrollo de programas
centrados en el manejo y resolución de conflictos a nivel familiar que podrían
minimizar la exposición de los niños, niñas y adolescentes a este fenómeno y
sus repercusiones a lo largo de la vida.
Los contextos y
ambientes llenos de violencia no solo generan daños en el presente, sino que
siembran heridas que, si no se abordan con atención y cuidado, marcan la vida
adulta. Desde este punto de vista, proteger la niñes es también prevenir
futuros ciclos de violencia e incluso en este punto de conversión, se relaciona
el prevenir la violencia de género.
Características de una cultura pro de la violencia
Vídeo 1: Violencia
intrafamiliar animado- Vivir sin miedo (Consejo de Seguridad Ciudadana, 2021).
El machismo no es solo
una actitud individual, es un sistema que justifica el control, la desconfianza
y la infantilización de las mujeres. Entonces, cuando estas ideas se reproducen
desde la infancia, ya sea en la casa, escuela y en los medios, se fortalece un
poder colectivo donde la violencia se ve como consecuencia del amor, y no como
la raíz de la problemática que año tras año ayuda a quitarle la vida a cientos
de mujeres, niños, niñas, adolescentes y adultos mayores.
Por ello, la
transformación cultural es indispensable. Es prioritario que la prevención no
solo enseñe a defenderse, sino a cuestionar los modelos de masculinidad
dominante, que promueva el espeto mutuo y que apueste por las relaciones
basadas en la equidad.
Ahora bien, desde una
mirada crítica, también es necesario reconocer el otro lado de la moneda. Cuando
una mujer ha sido socializada en un entorno donde predominan estructurales
patriarcales y valores machistas, existe el riesgo de que ella misma, sin
cuestionarlo, reproduzca esos mismos patrones en su rol de educadora dentro del
hogar.
Si la misma no logra
romper con esas creencias heredadas, puede perpetuar el ciclo de desigualdad al
trasmitir ideas de subordinación, control, roles rígidos de género a sus hijas
e hijos. Así, la cultura machista se sigue reproduciendo silenciosamente desde
el seno familiar, disfrazada de tradición, obediencia o amor.
La prevención y la educación
Prevenir es educar
antes que buscar castigar. Pero, para que la misma tenga sentido, debe ser
transversal, constante y dirigida a todos los sectores de la sociedad. No es
suficiente con dar prioridad a las víctimas o a los posibles agresores; es
prioridad involucrar a familias, escuelas, iglesias, comunidades, empresas, y
cualquier entorno donde se forjen relaciones sociales humanas:
Además de
las legislaciones y las políticas públicas de prevención adoptadas por los
Estados, es fundamental abordar este tema a través de la educación,
comunicación y promoción; buscando erradicar las concepciones machistas y
discriminatorias, involucrando no sólo a estudiantes, sino al grupo familiar y
la sociedad en general. (Ramírez y Ortega, 2020, p. 271)
Los programas
preventivos que incorporan habilidades para la vida, inteligencia emocional,
resolución adecuada de conflictos, respeto por la diversidad y
corresponsabilidad afectiva logran un impacto más específico que cualquier
campaña represiva o punitiva. La prevención se da en la cotidianidad, en cómo
se habla, se escucha, se ama y se ponen límites.
El rol del contexto institucional y comunitario
Instituciones como el
hogar y la escuela tienen un rol importante en la prevención, el trabajo
colaborativo entre estas y organizaciones comunitarias permite ampliar el
alcance y profundizar el impacto. Por lo tanto, la presencia y un cuerpo
policial sensibilizado, centros de salud capacitados, municipalidades que
promuevan espacios seguros, redes de apoyo locales y estrategias comunitarias
bien organizadas, suelen marcar la diferencia.
Cuando la esencia de la
política pública sea la prevención junto con presupuesto, seguimiento y
evaluación, los cambios se convierten en una sostenibilidad que vale la pena. Ante
ello, la comunidad deja de ser espectadora y se vuelve en aliada activa,
identificando riesgos, ofreciendo alternativas y acompañando procesos de
sanación y transformación.
Así mismo, la lucha
contra la violencia de género e intrafamiliar no puede partir solamente de la
indignación. Para ello se necesita de compromiso, análisis, sensibilidad y
constancia. La prevención que realmente genera impacto en la sociedad es
aquella que nace de una empatía real, de la comprensión en que cada víctima
tiene una historia, un nombre y una vida que siempre han merecido ser
escuchada, protegida y reparada.
Así mismo, la prevención
terciaria sobra un valor esencial cuando se reconoce que tanto las víctimas
como los agresores requieren procesos de intervención que les permita reconstruirse.
En el caso de las víctimas, el acompañamiento psicológico, legal y social no
solo es un derecho, sino una necesidad prioritaria para restaurar su autonomía,
autoestima y fututo.
Por otro lado, es
importante mirar al agresor desde una perspectiva más amplia; muchas de estas personas
fueron en algún momento de su infancia, víctimas silenciosas de entornos violentos,
negligentes o emocionalmente hostiles. Por ello, más que centrarse únicamente
en la sanción, la prevención terciaria debe apostar por espacios de
reeducación, contención emocional y transformación personal.
Darle atención al
agresor también es un derecho y desde una lógica de responsabilidad, pero también
de origen, permite romper con ciclos intergeneracionales de violencia, así se
logra avanzar a una verdadera justicia restaurativa.
En perspectiva, en
cuanto a la rehabilitación de los agresores, es importante aclarar que todo
caso es único y por lo cual debe y merece ser valorado de tal manera; por
ejemplo, este la rehabilitación o el tipo de esta no siempre va a ser aplicado
a agresores cuyo acto fue acabar con la vida de una persona. Por ello, la importancia
de analizar cada caso con objetividad y siempre en el respeto de los derechos
humanos y la dignidad de las personas es esencial para siempre aportar justicia
y veracidad.
Por último, prevenir la
violencia de género e intrafamiliar no es una tarea imposible; sin embargo,
requiere de trabajo, conciencia y acciones institucionales donde el objetivo
sea el bien común. Posteriormente, implica comprender que la violencia no nace
de la nada, sino de contextos, creencias, heridas y estructuras erróneas; por
lo tanto, debe de ejercerse un abordaje desde el respeto, la educación, la
intervención y la transformación social profunda.
Referencia bibliográfica
Consejo
de Seguridad Ciudadana. (2021). Violencia intrafamiliar animado. Vivir sin
miedo. [Vídeo YouTube]. Recuperado de https://youtu.be/gYgyoOvHpfA?si=nyJmwEMIfmVb6xyR
Docal
Millán, MDC, Akl Moanack, PM, Pérez García, LYP y Sánchez Betancourt, LK
(2022). Violencia intrafamiliar. Un riesgo para el desarrollo de la primera
infancia. Revista Colombiana de Ciencias Sociales, 13 (1), pp. 77-101.
Recuperado de: https://www.redalyc.org/journal/4978/497875193003/497875193003.pdf
Instituto
sobre Alcoholismo y Farmacodependencia (IAFA). (2020). Violencia y consumo de
sustancias psicoactivas. Gobierno de Costa Rica. [Ilustración 1]. Recuperado de
https://iafa.go.cr/articulo/violencia-y-consumo-de-sustancias-psicoactivas/
Martínez,
G. (2024). “¡#Basta Ya!”: instituciones públicas lanzan campaña para
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Recuperado de https://observador.cr/basta-ya-instituciones-publicas-lanzan-campana-para-combatir-violencia-contra-las-mujeres/
Ramírez,
J., Alarcón, R., y Ortega, S. (2020). Violencia de género en Latinoamérica:
Estrategias para su prevención y erradicación. Revista de Ciencias Sociales
(Ve), XXVI (4), pp. 260-275. Recuperado de https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=7687039
Universidad
Internacional de La Rioja (UNIR). (2025). ¿Qué es la violencia de género y
cómo se manifiesta? [Ilustración 2]. Recuperado de https://www.unir.net/revista/ciencias-sociales/violencia-de-genero-que-es/


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